How I did it
Si no eres de procesos o no te apetece llegar al origen de una obra, no sigas leyendo. ¡Te aburrirás!. Aún así te invito a participar de este contenido y después tú lo utilizas como te venga en gana.
La serie experimental que yo llamo “artesana” porque realmente no encuentro mejor definición, se compone de dos pìezas, “Me” (65 x 85 cm.) e “Interior con Planta” (100 x 100 cm.)
“Me” (65 × 85 cm.)
Ambas son el resultado de una búsqueda y me voy a explicar. Yendo atrás en el tiempo y en cierto viaje de vacaciones topé con una serie de decoraciones cerámicas que me dejaron fascinada. Me pareció que el conjunto por sí solo ya contenía un lenguaje muy potente que residía en los tonos, su calidez, la remembranza a la tierra, a la tradición, lo natural, la arcilla, lo mineral, la evocación de sitios o vivencias pasadas. Además sin desearlo, se me sugería la manera en que una imagen o realidad puede ser fragmentada o descompuesta sin perder un ápice de expresión. ¡¡Fue un flechazo a primera vista!! Como siempre ocurre, todo esto quedó en mi cabeza a la vez que empecé a cavilar sobre esta última idea de realidad fragmentada.
Así, en el caso de “Me,”comencé la búsqueda considerando establecer la metáfora con mi experiencia vital ya que el punto de partida me evocaba escenarios vividos en mi niñez, por lo tanto se trataba de una búsqueda personal, los artistas somos de introspección, al menos ese es mi caso. Ya tenía el punto de partida.
Decidí que los colores tendrían que estar relacionados con la tierra, arcillas, rocas o minerales. Uno en particular me cautiva especialmente y es el preciado Lapislázuli, usado desde la antigüedad para obtener el azul ultramar. Así que el motor de esa búsqueda sería el azul ultramar.
Los materiales me planteaban dudas porque no me convencía el aspecto graso del oleo como tampoco el “demasiado sintético” del acrílico. Hice pruebas con este último y no se ajustaban ni la apariencia, ni su transparencia, tampoco los tonos, resultaba demasiado “prefabricado” además no tenían carga matérica. Así pues decidí confeccionarlos yo misma a partir de pigmentos en polvo. Busqué y compré pigmentos en polvo que se adecuaran a la gama prevista. De todos los azules ultramar que probé, el que mejor resultado me dio fue uno que una amiga muy querida me trajo de un viaje que hizo a Paises Bajos donde visitó el molino de pigmentos Der Kat en Zaandam. Un azul ultramar vibrante y puro finísimamente molido, ¡Maravilloso! Además el hecho de ser un regalo personal añadía valor a mi proyecto. Tras varias pruebas de grosores, capas y cantidades obtuve lo que me gustaba. Así, se convirtió en una mezcla artesana de pigmentos en polvo con la cantidad justa de emulsión, con suficiente espesor sin cuartearse y con la suficiente opacidad pero sin perder la fuerza del pigmento puro como tampoco el aspecto aterciopelado que yo tanto buscaba.
Con respecto al soporte, forzosamente debía ser liso y sin textura para no distorsionar la apariencia de los pigmentos. Elegí un cartón fino con bastante densidad al que apliqué varias capas de imprimación artesana blanca y varias manos de lija.
Con respecto a “Me”, fui trabajando la composición sobre una idea inicial pero ajustando cada fragmento a su fragmento vecino y al sujeto de la búsqueda.
Los comienzos de la vida, sus vericuetos, los periodos a la sombra, los inexistentes, los latentes, caminos errados y errantes, La búsqueda de salida, los periodos de iluminación, de luz que te ayuda a florecer. Todos ellos entre otros, estados propios de mi experiencia vital donde cada matiz simboliza un hecho, acontecimiento o circunstancia que me eleva o tira de mi hacia abajo, me oculta, me ayuda a expresarme, me apaga, me atenúa. En fin la metáfora de una búsqueda o recorrido vital.
“Interior con planta” aunque parte del mismo concepto de realidad fragmentada profundiza en el mundo interior de todas las cosas. La luz entra en casa en una habitación a la hora de la siesta y descompone los colores. Esa luz de verano donde las superficies adquieren mil tonos de grises y esa penumbra se va convirtiendo luz. La planta se vuelve hacia ella para reclamar la luz que le corresponde y los colores cálidos de mediodía inundan la parte baja de la composición y ponen de manifiesto la belleza del momento. El doctor Gachet mira la escena y participa de mi propio desvarío.
En esta pieza empleé muchas horas y me vi en la necesidad de hacer muchas mezclas para obtener todas las gamas de grises que me ayudaran a confeccionar una penumbra convincente. Al contrario que en “Me”, sólo empleé pigmentos puros en la planta. Añadí un filete de oro fino en la hoja más erguida y orgullosa, y así acentuar la luz que inunda la estancia. Además utilicé tablero de fibras como soporte porque el cartón no iba a aguantar tanto trasiego manual.
“Interior con planta” (100 × 100 cm.)
Disfruté y aprendí muchísimo con las dos piezas y aunque les dediqué muchas horas, todas y cada una merecieron la pena.
No sé si volveré a repetir esta manera de trabajar, quizá si el sujeto me lo sugiere. Uno nunca sabe.