El valor de la experimentación

,Continuando desde este pequeño rincón de ideas e historias personales, hoy quiero compartir esta reflexión.

Con el transcurso de los años, de mis años, me he percatado de un hecho propio que tengo ya más que contrastado. Para recorrer un camino, el que sea y cuando sea, es decir para ir de un punto “A” a otro “B, yo siempre elijo el camino más largo y sin poner intención. No importa si alguien me sugiere una manera mejor, más eficaz o más corta. A mi no me vale y la descarto sin ser siquiera consciente de que la estoy descartando. ¿Y porqué digo esto?. Siempre analizamos nuestros hechos o errores pasados, decisiones tomadas o eludidas para tratar de encontrar una explicación. En mi caso es la experimentación. Yo necesito experimentar lo que hago, qué pasará, como pasará y cuanto me equivocaré o acertaré según sea el caso. Por eso, mis recorridos son largos en mi vida y en mi obra.

En pintura es lo mismo, debo experimentar y aunque evidentemente tengo una formación académica, sólo la considero un punto de partida, porque después he necesitado y necesito hacer el camino largo.

Habré asistido a un par de cursos de esos que circulan por la red. No me han funcionado. Es más cuanto más avanzaba el curso, más ganas tenía yo de dejarlo. Sé que quizá suena jactancioso por mi parte pero es justo lo contrario. Mis ritmos y mis propias expectativas me demandan hacer mío todo lo que aprendo y mi forma de hacerlo es descomponiendo la información y haciendo ajustes propios para mejorar. Según yo lo veo, no tiene ningún sentido que todo eso se me dé resuelto, debo resolverlo yo. No quiero usar las pautas que se me indican ni tampoco una rutina exitosa de aprendizaje para, a lo mejor, terminar pintando “a la manera de”. Necesito decidir qué color encaja con este otro o, por el contrario, con cual otro consigo una mezcla horrible que hasta yo me avergüenzo de haber creado, pero que sin duda utilizaré alguna vez. Ahí es donde yo aprendo.

Considero necesario el apropiarse de esa investigación, desplegar la curiosidad, equivocarse, enfadarse, volver a empezar, dejarlo reposar, retomar, cambiar de colores, de técnica. Después de todo, la experiencia no es sino el fruto de la experimentación.

De nuevo según mis propio análisis, de esta manera te haces con un sólido recorrido personal y una nueva formación hecha a tu medida, firme y vigorosa que te da seguridad y autoconfianza y que te permite improvisar. Creo también que de este modo se estimulan la intuición y el criterio propios.

Ahora bien, leo mucho sobre asuntos técnicos y procesos mentales, también estudio y analizo a otros pintores. Y todo esto no me aburre porque forma parte de mi viaje y de mi búsqueda personal. Y aunque a veces costoso y recalcitrante, mi camino es mío y me gusta, tarde lo que tarde, consiga lo que consiga.

¡Eso sí, si yo fuera un robot industrial ya me habrían descartado por ineficacia! Afortunadamente no es así y no quiero ni imaginar tal distopía.

Siguiente
Siguiente

Otoño de museos y galerías