Otoño de museos y galerías

Recientemente he estado visitando museos y galerías. He visto cosas interesantísimas y otras que me han dejado fría, pero todavía me maravilla el hecho de que nunca dos personas ven lo mismo en una obra de arte. Vaya por delante que yo no soy ni galerista ni curator, llamado ahora, y tampoco lo pretendo. Desde aquí mi humilde punto de vista de expectador admirador o detestador según se tercie.

Entre otras, veo una inquietante muestra en la galería Yusto Giner donde la artista Line Finderup sugiere un tema tan de actualidad como la posesión de un Tamagotchi, animal o mascota y con ello la incómoda pregunta: ¿Para que fui creado?

Otra muestra interesante la de Francesca Poza en la galería A Ciegas de Madrid. La artista, mediante papeles escritos que ella misma fabrica, hila, teje y entrelaza, desarrolla el juego de la comunicación con una delicadeza y sutileza fuera de serie.

Visito la muy estimulante retrospectiva de Maruja Mallo en el Reina Sofía, con una maestría técnica incuestionable y donde podemos apreciar perfectamente sus diferentes periodos creativos. Artista inteligentísima y de fuerte personalidad para su tiempo siendo mujer, que sirve de gran inspiración para mi. Admiro por enésima vez el Guernica de Picasso y los dibujos preparatorios, pero también otras obras de Picasso, “Mujer en azul” ¡Que rotundidad, autoconfianza y tristeza despliega esa mujer! Colores fríos, azules, melancolía, emoción. Realmente no tengo palabras.

Veo también la magnífica exposición de Raimundo de Madrazo en la Fundación Mapfre de Madrid y aprendo muchísimo de este pintor. Algunos de sus maravillosos retratos me recuerdan aquellos otros de Jhon Singer Sargent que representan, burgueses y mecenas de la alta sociedad norteamericana y europea de finales del siglo XIX, que se ven ataviados con toda su pompa y elegancia y donde el tratamiento preciosista de las telas, joyas, indumentaria y puesta en escena, hace gala de un enorme virtuosismo técnico. !Se podría calcular hasta el peso de esos ropajes¡ De nuevo me quedo sin palabras. La ventaja de esta muestra es que puedo admirar los cuadros en primer plano, porque al parecer no entra dentro de los masificados circuitos turísticos.

En la fundación Juan March de Madrid y por cierto impecable, aprendo sobre la obra de Robert Rauschenberg y su capacidad para reutilizar las propias imágenes que él mismo realizaba y que usaba una y otra vez para crear serigrafías sobre todo tipo de soportes. Cuando consideraba ya agotado un material, buscaba otro. Era un genial experimentador.

Evidentemente esta vez no visito el Museo del Prado. Últimamente cuando voy a los grandes museos tengo la más que incómoda sensación de que sobra gente a mi alrededor y me falta la calma y sosiego necesarios para admirar las obras. Más aun, pareciera una carrera contrarreloj para rellenar la casilla correspondiente de “visto,”en cada una de ellas. !!Así no hay manera¡¡

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