Hablamos de crear

Dibujo y pinto desde que me acuerdo y elegí mi profesión en función de esa necesidad.

Reparar piezas antiguas y obras de arte de épocas pasadas, tocarlas con mis propias manos, observar de cerca con mis propios ojos esas pinceladas y  texturas centenarias, aprender de ellas, de las veladuras ya en desuso, de los materiales, de los barnices y de los pigmentos. Muchas veces de muy malas restauraciones, otras no tanto. Todo esto, ya digo, no tiene precio y personalmente es un privilegio. ¡De manera que cuando voy a los museos me acerco tanto a las obras que los vigilantes de sala se me acercan también de forma recíproca!  

Ahora bien, aunque fascinante, no tiene nada que ver con crear, la obra ya está creada y no hay nada que aportar desde ese punto de vista.

Crear para mí es otra cosa, es partir de una idea, de una intención, dile necesidad, de contar algo concreto que te ronda por la cabeza y que tarde o temprano verá la luz bajo la apariencia que uno considere oportuna. Para mí, se trata de un punto de partida mental que a su vez desencadena una serie de procesos y acciones, increíblemente enriquecedores la mayoría de las veces y obstinadamente frustrantes muchas, pero que te conducen, cuando lo ejecutas a un estado fructífero y de flujo o “FLOW”, así denominado por el profesor Mihály Csíkszentmihályi. Según su teoría, son “estados de conciencia óptima, momentos en los que uno se siente poseído por un profundo sentimiento de gozo creativo, momentos de concentración activa, de absorción de lo que se está haciendo”. ¡No puedo estar más de acuerdo!

Volviendo al punto de partida, en este momento yo me permito la tarea de IDEAR, IMAGINAR y CONCEBIR, y me encanta, y de mi cabeza sale exactamente lo que me apetece contar y como lo quiero contar desde el punto de vista de técnica, de materiales o de lenguaje. Al menos lo intento.

Ahora bien, cuando no tengo un proyecto, lo busco, no hay que poner atención en esa vocecita que te anima a acomodarte y dar casi todo por sabido, solo porque honestamente no te atreves a enfrentar el miedo a equivocarte. Pero también porque sigues queriendo emocionarte y emocionar con tus piezas. Por eso mis cuadernos son tan útiles, porque vuelvo una y otra vez sobre ellos, aunque también se me olvida en cuál de ellos está lo que busco...

¿No es todo esto una grandeza enorme? Indudablemente para mí es el motor de cada día.

Si tuviera que ofrecer una reflexión sobre el hecho creativo sería: “No dejes para luego nada que pase por tu cabeza, anota, dibuja, sueña y desde luego no lo guardes en un cajón”.

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Otoño de museos y galerías